La Brujita de Papel, editorial de Buenos Aires, propone “Mi perro Lucas” y dos libros de Lydia Carreras: uno sobre las malas palabras, “Boca Sucia”, que tiene un premio internacional y “Cómplices”, la historia de un niño y su abuela.
Editorial Comunicarte, de Córdoba, tiene cuentos atractivamente ilustrados para pequeños, como “Encantado, dijo el sapo”, de María Cristina Ramos, con coloridos dibujos de Virginia Piñón, y una indispensable “Antología de literatura para niños” seleccionada por Lilia Lardone: “Córdoba Cuenta”, con textos de nuestros mejores autores.
Para chicos más grandecitos, un libro que me pareció extraordinariamente interesante es “Cuentos del Globo 1 (Europa, América del Sur y África)”: son versiones de un mismo relato que da vueltas por el mundo desde el principio de los tiempos. Bellamente ilustrado, es un festín para la vista, y tiene un apéndice donde docentes, madres interesadas y adolescentes encontrarán datos curiosos sobre estos cuentos y sus orígenes. Es para no dejarlo de lado.
Luego llegarán hadas, duendes y leyendas, temas que los interesarán en otras culturas y les harán conocer mitos de pueblos cercanos o lejanos.
Si han entrado en la adolescencia, “La saga de los Confines”, de Liliana Bodoc; “Harry Potter”, de la Rowling, y “El Hobbit”, de Tolkien, si aún no lo leyeron.
Vale la pena buscar libros que unan el relato con el arte, como “Vamos a pegar mi Galería de Arte”, una visita a un museo -con figuritas para pegar y enigmas para armar-, y “Descubriendo el mundo mágico de Gauguin”. O una novelita de suspenso, de Narrativa Joven, de Editorial Salamandra, que es best-sellers en Europa y Estados Unidos desde hace años: “El enigma de Vermeer”, de Blue Balliett. Involucra a una chica y un chico, un colegio para jovencitos muy inteligentes, dos cuadros del pintor flamenco, intrigas, dilemas y rompecabezas. Tiene otra virtud: somos varios los adultos que lo hemos disfrutado.
Pero, con tanta cosa nueva y atractiva, no olvidemos los viejos y queridos libros: “Mujercitas”, de la Alcott; “Anne, la de Tejas Verdes”, de L. M. Montgomery; Tom Sawyer, de Mark Twain; alguno de Dickens. O los que cuentan historias de perros, lobos o caballos, de viajeros que van a las profundidades del mar o hacen una caminata por la Luna, los que pelean con piratas o se internan con Horacio Quiroga en la Selva para conocer a Anaconda.
No les neguemos la posibilidad de vivir todas esas vidas. No olvidemos los libros.